Guias de la EFNS para el diagnóstico y tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer

Titulo original de la guía

EFNS GUIDELINES FOR THE DIAGNOSIS AND MANAGEMENT OF ALZHEIMER´S DISEASE

Fecha publicación

Octubre, 2010

Autor de la síntesis de la guía clínica

Sagrario Manzano

Organización que ha desarrollado o creado la guía

EFNS: European Federation of Neurological Societies

Conclusiones fundamentales de la guía

RECOMENDACIONES PARA EL DIAGNOSTICO

1.- La historia clínica debe ser corroborada por un informador fiable (nivel A).
2.- Un examen neurológico y genera debe ser realizado en todos los pacientes cn demencia (buena práctica clínica).
3.- La afectación de las AVDs debido al declinar cognitivo es una parte fundamental del diagnóstico de demencia (nivel a).
4.- Existen varios cuestionarios para ser cumplimentados por los informadores y deben ser usados siempre y cuando sea posible (buena práctica clínica).
5.- La exploración cognitiva debe ser realizada en todos los pacientes (nivel A).
6.- Una exploración neuropsicológica cuantitativa debe ser realizada en pacientes con diagnóstico de EA precoz o cuestionable (nivel B).
7.- La evaluación cognitiva debe incluir una medida cognitiva general así como test más detallados de cada dominio cognitivo, en particular, el recuerdo diferido (nivel A).
8.- En pacientes con deterioro de memoria moderada, el recuerdo con claves semánticas podría ser más apropiado que el recuerdo libre (nivel B).
9.- La evaluación de los síntomas psicológicos y conductuales de la demencia debe ser realizada (nivel A).
10.- La información debe ser recopilada de un informador empleando las escalas apropiadas (punto de buena práctica).
11.- La evaluación de la comorbilidad es importante en pacientes con  EA, tanto en el momento del diagnóstico como a lo largo del curso evolutivo de la enfermedad (buena práctica clínica) y debe ser considerado siempre como causa posible de los síntomas psicológicos y conductuales (nivel C).
12.- La determinación de ácido fólico, vitamina B12, TSH, calcio, glucosa, recuento sanguíneo, función renal y hepático deberían ser evaluados en el momento del diagnóstico y la determinación de lúes, borrelia y HIV deberían ser necesarios en caso de presentaciones atípicas o características clínicas sugestivas de estas patologías (punto de buena práctica).
TAC craneal y RM cerebral deben ser utilizados para excluir causas de demencia tratables. TAC multicorte y RM coronal pueden emplearse para valorar la atrofia hipocámpica determinante de EA (Nivel B).
13.- El PET con FDG y el SPECT de perfusión son herramientas útiles cuando el diagnóstico es dudoso (Nivel B).
14.- EL SPECT dopaminérgico es útil para diferenciar la EA de la ECL (Nivel A).
15.- El seguimiento con RM seriadas es útil a la hora de documentar la progresión de la enfermedad (punto de buena práctica).
16.- El EEG se recomienda en el diagnóstico diferencial de presentaciones atípicas de EA (punto de buena práctica) y cuando es una ECJ o se sospecha amnesia transitoria secundaria a epilepsia (Nivel B).
17.- El análisis del LCR se recomienda en el diagnóstico diferencial de presentaciones clínicas atípicas de EA  (punto de buena práctica). La determinación de la proteína 14-3-3 o tau total se recomiendan para la identificación de ECJ en pacientes con demencia rápidamente progresiva (Nivel B). Las alteraciones en LCR de la proteína tau total, fosfo-tau y aβ42 apoyan el diagnóstico de EA (Nivel B).
18.- El screening de mutaciones patogénicas conocidas puede ser determinado en pacientes con un fenotipo apropiado o una historia familiar de demencia autosomal dominante. LA determinación rutinaria del genotipo APOE no se recomienda.

RECOMENDACIONES PARA EL MANEJO DE LA EA

1.- El Diagnóstico de EA debe ser revelado al paciente (y cuidadores si es apropiado) (Nivel B).
2.- Los pacientes y cuidadores deberían disponer de apoyo, información y educación para esta enfermedad (Nivel  A).
3.- Deben ser tenidos en consideración elementos como el permiso de conducción, asesoramiento médico-legal y otras circunstancias (punto de buena práctica).
4.- Si es posible, los médicos deben animar a los pacientes a realizar las voluntades anticipadas respecto a tratamientos y cuidados en un futuro (punto de buena práctica).
5.- No existe evidencia para el empleo de fármacos con objetivo de prevención primaria. Los IAChE, vitamina E, Gingko y estrógenos no deberían ser usados como tratamiento en los pacientes con MCI (Nivel A).
6.- En los pacientes con EA, el tratamiento con IAChE (donepezilo, galantamina o rivastigmina) deberían ser considerados en el momento del diagnóstico, teniendo en cuenta los beneficios terapéuticos esperados y las características de seguridad (Nivel A).
7.- Los beneficios en los síntomas cognitivos y no cognitivos han sido demostrados, en pacientes con la enfermedad en grado leve, moderado o severo (Nivel A).
8.- Una expectativa realista respecto a os efectos del tratamiento y los potenciales efectos secundarios debe ser aportada y discutida con el paciente y sus cuidadores (punto de buena práctica).
9.- El seguimiento a los pacientes de forma regular, que debe incluir escalas como el MMSE, de cara a la monitorización de respuesta terapéutica y progresión de la enfermedad, deben ser parte integrante del manejo de estos pacientes (punto de buena práctica).
10.- La aspirina no debe ser utilizada como tratamiento de la EA (Nivel A), aunque puede ser usada en aquellos pacientes con EA que tienen otra indicación para su uso (prevención secundaria de ictus por ejemplo).
11.- La vitamina E no debe ser empleada como tratamiento de la EA (Nivel A).
Actualmente, no existe evidencia suficiente para apoyar el empleo de otros agentes tales como AINEs, nootropos (piracetam, necergolina), selegilina, estrógenos, pentoxifilina o estatinas, cerebrolisina, Egb 761 para el tratamiento o prevención de la EA (Nivel A).
12.- La estimulación cognitiva o la rehabilitación pueden ser consideradas en pacientes con EA leve o moderada (punto de buena práctica).
13.- La terapia ocupacional puede mejorar el funcionamiento de los pacientes y reducir la necesidad de un cuidador informal (Nivel B).
14.- El manejo se los síntomas psicológicos y conductuales asociados debería comenzar con una cuidadosa búsqueda de factores detonantes o causales de los mismos (por ejemplo, otras patologías concomitantes). Mientras sea posible, es preferible el tratamiento no farmacológico (Nivel C).
15.- Los fármacos antipsicóticos deben ser usados solo en casos moderados o severos y que no han respondido a terapias no farmacológicas o a IAChE o cuando otros tratamientos no son apropiados (Nivel A).
16.- Dosis bajas de neurolépticos atípicos deberían ser empleadas solo después de informar sobre riesgos y beneficios y discutirlo con paciente (si lo permite su estado) y familia (punto de buena práctica).
17.- Los neurolépticos atípicos tienen menos efectos secundarios y no incrementan el riesgo de ictus o la mortalidad más que los típicos (Nivel B).
18.- ISRS deben ser empleados mejor que los antidepresivos tricíclicos para tratar la depresión en la EA (Nivel B).

Puntuación

4.5
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