Fecha publicación: Hace 1 semana 5 días
Autor: Anabel Puente Muñoz

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 ¿Cuanto debe dormir un niño? Esta es una pregunta tan frecuente en nuestra consulta como difícil de contestar. Durante la etapa de recién nacido, pasará entre 17-18 horas durmiendo en forma de periodos de mayor o menor duración, intercalados con episodios de vigilia. Este tiempo irá disminuyendo hasta la edad adulta, en la que los periodos de sueño suelen variar de 6 a 8 horas. Al igual que en los adultos, también en los niños existen diferencias entre individuos. Las necesidades de cada niño varían de uno a otro e incluso a lo largo del día. Entonces, volviendo a la pregunta inicial, a la hora de valorar el sueño de un niño se debe considerar el ciclo vigilia/sueño en su conjunto. Es decir, si el sueño nocturno es continuado, sin despertares y durante la vigilia el niño se mantiene activo, sin mostrar signos de somnolencia y con un comportamiento normal en cuanto al juego y resto de actividades propias de la edad, en principio no debe preocupar las diferencias entre uno y otro niño, siempre dentro de unos límites, como es natural.

Fecha publicación: Hace 4 semanas 4 días
Autor: Administrador Web

Ya tenemos solución para la sesión Neuropatológica:

"Crisis epilépticas focales y lesión en el lóbulo temporal derecho intervenida"

Con hallazgos muy interesantes...

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Fecha publicación: Hace 7 semanas 4 días
Autor: Ángel Fernández Díaz

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El insomnio es una de las patologías más prevalentes en la población general. Causas médicas o psiquiátricas aparte, un buen porcentaje corresponde al conocido como insomnio primario o psicofisiológico, el cual es un motivo muy habitual de consulta entre los profesionales interesados en el tema.

En general se admite que los diferentes fármacos aprobados para este campo (benzodiacepinas, agonistas de receptores benzodiacepínicos, antidepresivos) no debieran emplearse más allá de un periodo de seis u ocho semanas, siendo altamente recomendable valorar su necesidad a partir de ese momento. También se hace necesaria la presencia de una terapia no farmacológica o conductual, que incluye diversas modalidades.