Fecha publicación: Hace 4 días 1 hora
Autor: Ángel Fernández Díaz

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El insomnio es una de las patologías más prevalentes en la población general. Causas médicas o psiquiátricas aparte, un buen porcentaje corresponde al conocido como insomnio primario o psicofisiológico, el cual es un motivo muy habitual de consulta entre los profesionales interesados en el tema.

En general se admite que los diferentes fármacos aprobados para este campo (benzodiacepinas, agonistas de receptores benzodiacepínicos, antidepresivos) no debieran emplearse más allá de un periodo de seis u ocho semanas, siendo altamente recomendable valorar su necesidad a partir de ese momento. También se hace necesaria la presencia de una terapia no farmacológica o conductual, que incluye diversas modalidades.

Fecha publicación: Hace 2 semanas 3 días
Autor: David A. Pérez Martínez

«El sueño de la razón produce monstruos»
Francisco de Goya

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  Les contaré una historia que estoy seguro les resultará familiar. Una profesional sanitaria atiende a un paciente con una infección vírica de gran peligrosidad (sí, se trata del virus del ébola) y se establece un protocolo de seguimiento epidemiológico un tanto “pasivo”. Se le telefonea un par de veces al día para saber si ha tenido fiebre o no. El protocolo establecido por los expertos indica que el paciente necesita una atención médica si supera los 38,6ºC de temperatura corporal, y en caso contrario se trata de esperar y ver.

  La mayoría de los protocolos son realizados por profesionales de alta valía, que intentan crear un marco de referencia global, para atender un grupo más o menos homogéneo de pacientes. Los protocolos son creados buscando la mejor evidencia científica para establecer recomendaciones con mayor o menor certeza.  Pero algo falla en este razonamiento, la misma receta no debería servir para todos los potenciales pacientes…debe existir un equilibrio entre la aplicación del protocolo y la (necesaria) personalización de la asistencia médica. Pero este debate no es nuevo, es un tema que ha surgido en los últimos años y que ha sido motivo de un interesante editorial en JAMA hace poco más de un año.

Fecha publicación: Hace 3 semanas 4 días
Autor: David A. Pérez Martínez

“El mejor médico es el que conoce la inutilidad de la mayor parte de las medicinas”
Benjamin Franklin

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  La medicina actual está basada en el hallazgo contrastado de evidencias que aprueben el uso (o desuso) de una terapia o una prueba diagnóstica. En ese proceso se establece un marco de verificación, que está basado en el método científico. Fuera de este marco no hay ciencia, hay experiencias y datos sugerentes que pueden apoyar la argumentación para realizar un ensayo clínico. La medicina actual avanza paso a paso confirmando las hipótesis previas, o bien no encontrando evidencias de eficacia para las terapias ensayadas. Pongamos un ejemplo, un reciente análisis de los ensayos clínicos realizados en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer demostró una tasa de fracaso del 99,6% en los estudios realizados desde el año 2002 al 2012. Por lo tanto, la ciencia avanza despacio (aunque suponemos que de manera segura).